Great Jones Street

ISBN: 0140179178
ISBN 13: 9780140179170
By: Don DeLillo

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Contemporary Don Delillo Favorites Fiction Literary Literature Music New York Novels To Read

Reader's Thoughts

Spiros

" 'Watney by this time has placed a call to his house outside London and finds himself in the regrettable situation of not being at home to answer the telephone. He's trying to call himself, ding-ding, and nobody's picking up the phone. The result is fear and dread. He sits on the floor weeping real tears into the phone. Oh, it's a crisis of no small proportion. The guy is in the grip of blackest anxiety. Absolute terror in his eyes. Oh, he's terror-stricken, no doubt about it, ding-ding-ding in his ear. This was Watney when he first swam into my ken, long before he picked up the shield of a businessman.' "This novel is the absurdist tale of Bucky Wonderlick, the world's foremost rock star, who quits his band mid-tour to hole up in his girlfriend's flat on Great Jones Street, where various absurd situations impose themselves on him. The above quote is from the somewhat Burroughsian (at least that's how I visualize him) druglord, Dr.Pepper. Below, an exchange with his ex-bandmate, Azarian: " 'What are you doing in L.A.?' I asked. 'Tremendous things. I probably shouldn't tell you about it. In fact, I'm determined not to.' 'What is it?' 'Blackness.' 'Black music?' 'Black everything,' Azarian said. 'Blackness as such.' 'What's it like being into blackness?' 'I'm not that far into it yet. But I'm making my way, little by little. I really shouldn't be talking about it. It's really deep, Bucky. Deep and dark. It's pressing against me with tremendous weight, practically crushing my chest. A lot of fear is involved. All kinds of fear. It's hard to pick out a single moment when I'm not afraid.' "

Steve

A quick review of Great Jones Street - simply didn't like this. I picked it up at Book Off with the rest of my "to Steve from Steve" Christmas presents. My initial view was a Penguin label (generally a positive), a book about musicians and a book about NY. None of this sounds bad to me. I just didn't get it. I suppose I'm not Rock and Roll enough, because the whole sitting around doing nothing did nothing for me. On the cover this mentions nihilism. I'm thinking maybe I don't enjoy nihilistic endeavors…but yet some of my favorites are nihilistic in nature. Maybe its just that I read those ten years ago and I'm too old for it now. I don't know. I just didn't get it. The plot of moving the drug package was eh and the peripheral characters were just unappealing. Its tough for me to offer up a 1 rating…but this was damn close (editor's note: changed this to a 1 rating. In retrospect, it sucked). I'm just not seeing where things were enjoyable here. I'm not seeing how rock and roll this was. Guy decides his music isn't appreciated the way it should be (don't get me started on rock musicians and artistry) and he'll hole himself up and pretend he's dead for a while. Just in general, unappealing. Do I sound bitter? Good…wasted a week and a whole dollar on this.

Mariano Hortal

Publicado en http://lecturaylocura.com/la-calle-gr...“Las señales del comercio fueron apareciendo lentamente por la calle Great Jones, los envíos y las recepciones, el empaquetado de exportaciones, los curtidos por encargo. Era una calle antigua. De hecho, sus materiales eran su esencia, lo cual explicaba la fealdad de hasta el último centímetro. Pero no era una miseria terminal. Hay calles que en plena decadencia poseen una especie de tono redentor, cierta sugerencia de formas nuevas que están a punto de evolucionar, y Great Jones era una de aquellas calles, siempre suspendida al borde de la revelación. Papel, hilo, cueros, herramientas, hebillas, monturas y artículos de regalo. Alguien abrió la puerta de la empresa de pulidos. Por los adoquines de la calle Lafayette llegaban camiones viejos retumbando. Los camiones se turnaban para subirse a la acera, donde varios de ellos se pasaban el día entero, ligeramente escorados, y a su alrededor caminaban hombres barrigudos con sujetapapeles en las manos, con facturas, con recibos de carga entregada, unos hombres que jamás paraban de tirarse de los pantalones para arriba. Una mujer negra emergió de la mancha de un coche abandonado, recitando entrecortadamente una canción. De la bahía llegaba un viento cortante.”No suelo comenzar con párrafos directamente, no es mi estilo; aunque sí que es cierto que, ahora que ya tengo otras reseñas de diversos autores en el blog ,con su ficha ya no hace falta introducirlos más sino centrarme en los aspectos que interesen de sus obras por estilo, temas tratados y/o sentido final de dicha obra. Tal es el caso con el norteamericano Don Delillo y la obra que traigo a continuación “La calle Great Jones”, tercera obra de su ingente producción literaria y que estaba incluida en mi Proyecto literario que tiene como objetivo terminar toda la obra de mis autores favoritos.La presencia del párrafo inicial, en este caso, cobra una especial relevancia ya que Delillo tiene la especial habilidad de sorprenderme cuando leo cada una de sus frases; tiene la innata capacidad, el genio creativo para utilizar imágenes, metáforas, comparaciones, etc. aplicadas de una forma tal que, desde luego, se alejan de los lugares comunes transitados por la mayoría de escritores del montón. En este texto que he puesto al principio se resume en un momento parte de estas cualidades que hacen único al norteamericano. “La calle Great Jones” es descrita como su fuera un personaje más (“Hay calles que en plena decadencia poseen una especie de tono redentor, cierta sugerencia de formas nuevas que están a punto de evolucionar”); cuánta belleza en cada una de sus palabras y en el conjunto, esa sensación de que, no solo te “choca” la descripción sino que además funciona en el propio texto y en el conjunto de la obra. Está sensación se produce de tal forma cuando leo a este escritor que me da casi lo mismo lo que está contando, lo que sé seguro es que este flujo de sensaciones me lleva y siento un placer hedonista al leerlo.En el caso de Delillo, afortunadamente, no cuenta solo el cómo lo hace, con ese estilo inigualable que le vuelve uno de los cinco o seis mejores escritores actuales; lo que cuenta también interesa sobremanera, y, a pesar de ser una obra primeriza (como era el caso de “Americana” de la que hablé este mismo año ) de fondo hay una serie de reflexiones que irán evolucionando a lo largo de su imprescindible carrera literaria.La historia es sencilla en su premisa, tenemos la retirada momentánea del músico Bucky Wunderlick, músico que es el líder de un grupo en su apogeo en los setenta y que siente que tiene que encontrar otra forma de hacer las cosas, encontrarse a sí mismo y demonstrar que puede seguir haciendo algo por la música y la sociedad; la música, en particular se convierte en verdadera protagonista:“El submundo está todo revuelto por una superdroga. ¿Has oído hablar de ella? Francamente, la noticia me deja frío. La música es el hipnótico supremo. La música consigue sacarme de todo. Me transporta del todo. La música es peligrosa de muchísimas maneras. Es lo más peligroso que hay en el mundo.”Bucky Wunderlick, álter ego de Delillo en esta ocasión, expresa su preocupación por la degeneración de la música, y, en general, del arte; es consciente de la importancia que debería tener y, sobre todo, de lo que debería influenciar a la sociedad : “El artista verdadero hace moverse a la gente. Cuanto la gente lee un libro o mira un cuadro, están ahí sentados o de pie, pero quietos. Eso estaba bien hace mucho tiempo, molaba, era arte. Ahora todo es distinto. Yo hago moverse a la gente. Mi sonido los levanta del puto suelo. Yo lo consigo. Entiéndanme. Yo lo consigo.”En esta búsqueda del verdadero arte unido a su crecimiento personal está la clave de lo que busca el escritor a través de su protagonista, el músico, que se topa de frente con un mundo que , por el contrario, no parece interesado, nada más que marginalmente, en esta verdadera extensión de lo que supone el arte, como leemos en boca del periodista de ABC que habla con Buddy al intentar sacar una entrevista:“-Tengo un espacio en las noticias de media mañana. Por si acaso no me reconoces. Me ocupo de los acontecimientos para jóvenes y de las personalidades del mundo juvenil. Sí, es el mismo lavado de cerebro comercial de toda la vida contra el que todos luchamos, pero, por otro lado, la única forma que tenemos de darles cobertura a ciertas voces es encajarlas en pequeños huecos de la programación que van quedando aquí y allá.”La búsqueda no la realiza el solo, su amante y alguno de sus miembros del grupo, e incluso su manager Globke ayudarán, aunque sea inconscientemente a que esa identidad se acabe de formar y encuentre lo que pueda hacer más feliz a sus seguidores, la forma en que uno de sus miembros se refiere a la música negra nos eleva al paraíso de la palabra de Delillo:“Es todo amor y tristeza, Bucky, y me está destruyendo emocionalmente. Esas emociones toscas y estúpidas resultan increíblemente hermosas. Esas baladas tristonas con pasajes esporádicos en falsete. Y hasta cuando escucho los discos me los imagino moviéndose por el escenario, haciendo esos meneítos y arrastrando los pies y agitando las manos. Con el pelo reluciente. Con los esmóquines a medida. Con las dentaduras y las uñas fantásticas. Y las emociones baratas que transmiten las letras me dejan hecho polvo.”Las emociones primigenias pueden ser la respuesta; el olvido de la complicación, la sencillez por encima de todo, como en palabras de Globke, su mánager, podemos inferir:“Ya estamos todos hartos de phasings instantáneos y de dieciséis pistas y de sintetizadores La gente quiere algo sencillo. Sencillo pero complicado. La clase de material que tú y solamente tú puedes darles. No me interesan los niveles en la música popular ni siquiera sé si este material tiene niveles o no. [...] Ese es el poder de las citas de la montaña, tal como yo las veo desde mi perspectiva personal. No es mi sonido. No es el sonido que yo escucho cuando miro desde la ventana de mi dormitorio en la otra orilla en la otra orilla del río una noche de verano y mi mujer está sentada en la cama leyendo a los maestros orientales y la luz de la luna se refleja en el río y las grandes torres putrefactas de Manhattan se despliegan a lo largo de la noche y yo apago el aire acondicionado y abro una venta e introduzco un cartucho en mi equipo de música.”El mismo Delillo nos anticipa una de sus obsesiones, de hecho, de ello hablé en esta otra reseña a propósito de “Los nombres”:“Ese es el poder de los nombres. La gente actúa en consonancia con sus nombres. Hay un sector diminuto del cerebro humano donde está situado el mecanismo que pone los nombres.”El poder de los nombres, de la palabra, con toda su extensión bíblica, aplicado al arte, se trate del que se trate: música, libros, pintura…. El arte por encima de todo como verdadero catalizador del sentido y de la identidad de nuestras vidas.Los textos provienen de la traducción del inglés de Javier Calvo para esta edición de “La calle Great Jones” de Don Delillo para la editorial Seix Barral

Ilya Kavalerov

I started this book with empathy for the macho-nihilist for the lead character. This made the book open in an unusually way for DeLillo, since it was relatable, and therefore egotistically engaging. Soon, it went back to the DeLillo norm, which is wacky silliness, stimulating only disbelief. Still not as good as Mao II for me. I might even be too optimistic with the 4 start rating, since I am jaded by my special interest in the book's subject matter (lead is a rock god).

Jess Palmer

I've been meaning to read Great Jones Street for two years now, on the recommendation of a complete stranger. Separated from friends at a concert, I chatted up the people around me. One was a writer, and when we got to talking about books he said this was his favorite. By no means is it the best book I've ever read, but I definitely enjoyed it. The ex-rock star narrator, Bucky Wunderlick, is amusingly aloof and brings you into his disenchanted frame of mind. He isn't a character I want to be, but certainly one I want to read about. My favorite part, however, was the setting. The New YorkCity scenes are bleak, dirty, and filled with strange characters that appear in a random, and entertaining, succession. The Lower East Side of Manhattan is an area I'm familiar with, but here it is written about in a time I will never get to experience: forty years ago at the peak of rock 'n' roll.

Calabash

Premessa: questo è uno di quei libri sfortunati che ogni volta che ti metti a leggerli succede qualcosa che interrompe/disturba la lettura. Quindi sappiate che non l'ho letto attentissimamente.Fatto sta che comunque non mi è piaciuto tantissimo, ma non mi è neanche dispiaciuto. È scritto bene, soprattutto per quanto riguarda i dialoghi, personaggi caratterizzati bene eccetera. Il problema sta nella trama e in certe scene che non hanno né capo né coda, nel senso che non sono conseguenza di niente e non causano niente. Semplicemente arriva un personaggio, dice le sue battute, se ne va, e se non le avesse dette non sarebbe cambiato nulla.Il libro decolla veramente intorno a pagina 93, quando succede una certa cosa che sarebbe dovuta succedere, secondo me, una settantina di pagine prima. La trama quindi è debole ed ha un'importanza relativa, e forse è l'intento dell'autore. Il libro è scritto in prima persona dal punto di vista del protagonista, una rockstar che si è un po' rotta di stare sempre in tournée e in sala d'incisione e che quindi decide di andare in un appartamento in Great Jones Street per isolarsi dal mondo. Il punto di vista è molto introspettivo, e la trama è meno importante che in altri romanzi, ma questo lo rende anche meno appassionante. Comunque è un libro che penso di rileggere, credo ci sia di più di quanto non abbia notato.Consigliato se vi piacciono i romanzi introspettivi e psicologici.

Binit

This book is long stretches of stream-of-consciousness diatribes punctured by short understated bursts of violent action. I was unable to decide if the events being described were real or some extended fantastic sequence in the protagonist's mind threaded into the utter banality of existence in a street in New York and I suspect that the author intended it that way. The songs that interspersed the book were interesting though, in my opinion, did not add to the main plot of the book. In the end the book feels like a coherent whole (though the last chapter felt somewhat out-of-place and aimless) and is an okay read.

Óscar Brox

Los primeros años de la década de los 70 empezaron con las muertes de Morrison o Hendrix, que hicieron más palmaria aquella visión del rock que cantara Eric Burdon como un lugar “to wear that ball and chain”. Las revoluciones juveniles se refugiaron entre las sábanas de pequeños dormitorios y el éxtasis de aquellas generaciones previas comenzó a disiparse junto al sueño de un nuevo orden para la sociedad. Mientras el rock psicodélico apuraba sus últimos coletazos, a la espera de que su sonido evolucionase hacia lo progresivo, Don DeLillo escribía su tercera novela, La calle Great Jones, con la mirada puesta en el ocaso de ese fenómeno cultural. Un apogeo que dejaría al descubierto las miserias de la emergente sociedad del capitalismo avanzado. Tres décadas después, Seix Barral continúa su encomiable labor editorial con la publicación al castellano de esta estimable, por ingeniosa y feroz, novela de sus inicios.Bucky Wunderlick es una estrella del rock cuya carrera parece atrapada en un ángulo muerto, entre los balbuceos y el caos musical que han coronado sus últimos discos, reducidos a una definición casi infantil que lleva por nombre Pipimomo. Hastiado de esa realidad en la que cada vez resulta más difícil permanecer agarrado a algo verdadero, Bucky se esconde en un apartamento de la zona de Manhattan. Parapetado tras la cama en la que su protagonista deja pasar el tiempo, DeLillo compone una sátira sobre una época donde los afectos, incluso la realidad, pierden su valor a medida que olvidan cuál es su sentido. Ahora que la euforia ante la posibilidad de imprimir un cambio en nuestra manera de ver las cosas se diluye con el final de las utopías, resulta indispensable encontrar los medios que nos permitan seguir creyendo en la ilusión. Así, ese pequeño piso de la calle Great Jones se convierte en el centro neurálgico de la operación, en el que las visitas constantes de periodistas, representantes o miembros de una extraña cooperativa agraria que trata de distribuir una nueva droga en el mercado dibujan el esfuerzo por mantener con vida un espíritu que ha perdido su lugar; por construir una marca, un estado emocional, que se consuma en una cinta o en una dosis, en un paraíso artificial.A través de su escritura precisa, DeLillo anota cada detalle como un movimiento mediante el cual la realidad se convierte en algo inestable que desdibuja cada paso de su protagonista. El ocaso de unos afectos que, tras la cultura expansiva de los 60, volvemos a vivir de puertas adentro. Por eso, no resulta extraño que uno de los personajes admita, en un pasaje de la novela, ese giro hacia el interior que está larvándose silenciosamente como el presente del rock, como si el destino de las estrellas fuese convertirse en un sueño, en un estado de ánimo. La prolongación del efecto por otros medios. Eso es lo que busca el representante de Bucky con las cintas con material inédito (el producto) que aquel grabó en su casa de las montañas; también lo que los diferentes grupúsculos trata de diseminar en la calle con su nueva droga (el producto). Esa clase de conmoción que aún sabe cómo sacar el impulso visceral de nuestro interior.Cada página de La calle Great Jones parece tocada por el lenguaje de la incertidumbre, aquel que transforma la realidad en lo que sea que haya ahí fuera, una sensación mezcla de vacío emocional y frenesí capitalista que DeLillo convierte en el idioma de los personajes y su tiempo. Frases entrecortadas y repetitivas, siempre a la caza de unas sensaciones embalsamadas en el puro tedio, en el fracaso de una juventud que, apenas rascada la treintena, se siente envejecida. De ahí el agotamiento de Bucky, incapaz de continuar una carrera que ha olvidado su razón de ser. De ahí, también, el dolor sordo, inhábil para verbalizar sensaciones, que envuelve cada muerte o desaparición en la novela, que DeLillo describe prácticamente como fugas fantasmales. De ahí, aún más, ese extraño terror que embarga a Bucky cuando contempla el rostro imposible de su vecino, una criatura deforme que encapsula en su monstruosidad todas aquellas reacciones que la sociedad ha reprimido. El anhelo de Bucky de convertirse en un sueño es, pues, el anhelo de una generación por recuperar un territorio que la sociedad no había colonizado ni domesticado. Ese sueño, por qué no decirlo, es nuestra vida interior. Nuestra identidad.La nueva droga, que comparte con la música la misma naturaleza de producto, acaba inyectada en el cuerpo de Bucky. Según advierte uno de los personajes, su efecto ataca directamente a la región cerebral en la que se alojan las habilidades lingüísticas. Reducido a un cuerpo trémulo, vacilante, incapaz de pronunciar la palabra más sencilla, Bucky se abandona a unos ritmos vitales que reflejan aquello que describía su música más alucinada. Como si se alojase en una cámara anecoica, DeLillo expone el repliegue hacia el interior de su protagonista, donde la vida late con una frecuencia distinta. Lo hermoso de La calle Great Jones reside en la habilidad de su autor para pintar ese cuelgue brutal como el último momento de unas emociones que la aplastante lógica cultural del capitalismo avanzado acabará vampirizando. Ese momento, tan caro a la obra de DeLillo, que denota la búsqueda elemental que todos, en algún momento de nuestras vidas, emprendemos cuando nos preguntamos por la belleza de las cosas. Un rayo, un ritmo secreto, en el que por unos segundos la vida continúa palpitando frente a la impostura más atroz. Esa a la que siempre volvemos.Publicado en Détour

JS Found

This slim novel is many things: a meditation on the spiritual bankruptcy of fame and 1970s America; a satire of art and commerce; a satire of corporations and the counter culture; a film noir; an evocation of urban decay; a novel of characters making observations on modern life and waxing philosophical. Once again, DeLillo writes beautiful language. He loves people talking and conversation. His characters make lots of monologues. One of them is a writer who expounds on the brutality of the writers' market. The hero, a very popular lead singer of a avant-garde band, one specializing in noise, decides he can't take it anymore--the fame, the excess, the fans, the lifestyle--and retreats to a run down Manhattan apartment to live quietly and strive for some sort of peace and stillness. The comedic problem is that he is constantly interrupted by other people and nefarious, paranoid forces. This is a Pynchon-esque book in a way. In this and in Americana, DeLillo's first novel, the subject is the malaise of America itself, its confusion and ennui. We still haven't gotten rid of them.

Mike

ok, so this book had me totally confused. the back cover says it's "the best rock n roll novel ever written!" so...i was expecting a novel about a rock star doing rock star things. it was far from this. sure, it included it's fair share of sex, drugs and song lyrics, but what i wasn't expecting was the "conspiracy theory" sci-fi angle it took. Pretty soon you are making connections between the main character and jim morrisson (or even kurt cobain) and plots involving the government controlling the masses by controlling the underground rock n roll community. it took me a while to like this book because i was so deceived in the beginning, but now that i'm reviewing it, i think i love it.

Jeffrey Paris [was Infinite Tasks]

Nearly any paragraph of this beautiful work is more compelling than shelves of reading I have done. Delillo sparkles, challenges, satisfies. I wish I had known how closely the structure of Great Jones Street mirrors (or sets the stage for) Cosmopolis, when I read and re-read the latter over the past decade: the carefully chosen quarters for the bulk of the "action"; the on-site visits from various constituencies and their analytical presentations; the awful spiral toward silence, privacy, inwardness, destruction; the price of fame and the power of power; the streets of New York. Eric Packer and Bucky Wunderlick. Separated by 30 years. Cousins of a sort. So, I have this funny habit right now, of reading three or four books at once, and finishing a few them at the same time, on the same day. I must be planning it subconsciously. It is making for some interesting juxtapositions, in any case, interesting to me.

Andrew Pagano

The book that best captures the spirit of rock n' roll happens to be about walking away from the lifestyle. Well, I shouldn't say "walking," as protagonist Bucky Wunderlick doesn't do much walking, or anything else. A combination of Dylan and Jagger, Bucky spends the novel sitting around his NY apartment. The events of the plot largely happen around or near him, and his reaction to these phenomena make up the reader's impression of the character. It's beautiful and sad. It's nihilistic and glamorous. It's rock n' roll.

Aaron

Don Delillo's third novel proves to be a good read, though it's one of his weaker efforts. Delillo's best works are about subtext, not the story he's ostensibly telling. This novel, with its rather straighforward story arc, winds up being a bit of a disappointment to readers overly familiar with his work. This novels tells the tale of Bucky Wanderlick, a musician in the prime of his career. In the middle of a tour, Bucky walks off stage, leaving his fans, bandmates, and record label in the lurch. Holed up in his grubby apartment, Bucky begins to lose a bit of touch with a reality that might have only been real to him in the first place. Eventually, a tape of "lost" work becomes a bargaining chip in a high-stakes exchange for a wonder drug that finds the ultimate high in silence. Since Delillo doesn't seem capable of writing an uninspired line, this novel is an entertaining read. But it's merely mediocre Delillo, better served as a starting point for the unfamiliar to jump from than a tome that fans will come back to again and again.

Eric T. Voigt

I took two days off of work, in the return of freezing weather and falling snow, to hole up under the warm sheets or on the cool couch with a poodle and finish this thing. Bucky Wunderlick's plague of coincidence is some brutal stuff. It's hard to have a vast network of criminals, wanna-be criminals and legally operating criminals expecting so much from you, I imagine. Had precursoring tones to it when thinking of "Running Dog" coming afterwards, with the violent murders and the confusion and range of interested parties in ultimately unsatisfactory product(s). Not as funny, but more than made up for that by being more existential. The privacy of looking in was achieved, I'd say, with Bucky's narration. Wish those lyrics had music set to them.

Michael Vagnetti

Novel? Here, the writing is fried circuitry, too hot to touch, but still engineered, built to do work, a writer's mad science. Paragraphs are the tracks left by throbs and pulses of energy coming 'round again. Share the urgency. Decorum is busted. The writing takes the sharp ends of short sentences and punctures holes in the page. Breathing holes. Shunts to somewhere. This writing has a weird relationship with "the void." It's spectral, it's everywhere but it comes in hints. Shake the book. Look in between the pages. Characters are trying to find a way to be post-famous, private. They were musicians once, they arranged words in a way that doesn't work now. There are passages that make you drop the book: "They pressed against each other, chained to their invisible history, the youngest among them knowing of all needs that one is uppermost, the need to be illiterate in the land of the self-erasing word." (133)

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